Otro aniversario para Umbrales.

Han transcurrido tres años ya, desde que inicié mi trayectoria profesional a través de un proyecto dedicado a la Gestión Cultural, Umbrales.

Esta iniciativa surgió para dar respuesta a la constante necesidad de la difusión cultural en cualquiera de sus expresiones y representaciones, aunque enfocando la mirada hacia el dialogismo entre literatura y las artes audiovisuales.

Como gestora cultural independiente me interesa la Gestión y Evaluación de Acciones Artísticas Contemporáneas.

Mi carta/menú de servicios:

  • Soluciones enmarcadas en el Sector Creativo-Cultural.
  • Comunicación, Consultoría, Dinamización, Producción y Distribución de Acciones Culturales.
  • Áreas de especialización y consultoría:

–        Asesoramiento y apoyo a los sectores de la cultura en su contribución al crecimiento de la economía, con especial hincapié en la diversidad cultural.

–        Diseño e implementación de proyectos que integren artes escénicas, artes visuales, sector editorial y patrimonio.

–        Interés e investigación en la aplicación de las TIC en la cultura y la sociedad, herramientas y estrategias para el desarrollo local.

–        Diseño y montaje de exposiciones permanentes y temporales.

Si queréis saber un poquito más sobre mí:

https://es.linkedin.com/in/oliviaalipalacios

https://about.me/umbrales

Mi Branding social ha ido ampliándose a lo largo de los días, semanas y meses hasta alcanzar una media de un centenar de creaciones publicadas para la visualización de Umbrales en las principales RRSS: Facebook, Twitter e Instagram.

Aquí os muestro una recopilación en miniatura:

 

 

 

Con motivo de esta celebración, ya sólo me queda dar mil gracias por el apoyo a todos los amigos y seguidores; sin vuestro interés por la cultura este proyecto, los recién llegados y los venideros, no serían posibles…

Edited by Olivia Palacios.

Anuncios

Cambios en el proceso productivo de las Industrias Culturales: creación, producción y distribución.

DSCN6091

Creación, producción y distribución de la cultura by Olivia Palacios.

E. Bustamante, nos advertía de las múltiples caras que emergen de la confrontación de las industrias culturales con la era digital.

Inmersos en los recientes hábitos de consumo cultural, los agentes creativos de la era analógica ansían nuevas posiciones en los soportes digitales para rentabilizar recursos y contenidos de masas de las antiguas industrias culturales para renovar su eficiencia original.

Asistimos a la visión de un paisaje de coexistencia entre productos y servicios culturales con antiguos y nuevos soportes. La aparente armonía se torna descompensación en cuanto a los cambios a acometer debido al impacto en la aparición y desarrollo de las tecnologías digitales. Es innegable el cambio en las bases, relaciones y equilibrios sobre las que se asentaban conceptos tales como: creación-producción y distribución.

Cuando M. Horkheimer y T. Adorno hablaron de industrias culturales en Dialéctica de la Ilustración, vislumbraron uno de los campos más dinámicos de la economía y la cultura mundial. Las llamadas IC adoptaron los modos de producción industrial gracias a que la tecnología permitía, además de la reproducción, su circulación a grandes distancias, la recepción tecnificada de sus contenidos y su expansión masiva lo que hizo posible su comercialización.

Las industrias culturales han sofisticado su producción encontrando circuitos globales de distribución de sus productos. Lo han acompañado procesos de consumo y de apropiación cultural que han convertido sus realizaciones en parte fundamental de la economía y la cultura global. Fueron definidas por la UNESCO como “un sector que conjuga la creación, la producción y la comercialización de bienes y servicios, en los cuales la particularidad reside en la inteligibilidad de sus contenidos de carácter cultural”.

Ya se entiendan como “un conjunto de ramas, segmentos, y actividades industriales auxiliares y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinados finalmente a los mercados de consumo, con fines de reproducción ideológica y social” (Ramón Zallo, 1988), las industrias culturales disfrutan de unas características comunes: bienes y servicios culturales, que tienen como centro la creatividad.

Por escalones del proceso productivo pese a su interrelación paso a desglosar los cambios observados en la creatividad.

Sobre la creación.

Aparentemente se necesita talento y lo demás es secundario. Sin embargo, esta creación se atisba eventual y comercializada, ya que es el acto de creación lo que se va a comercializar en manos de la IC. Por ello no debemos considerarlas industrias de la reproducción. El eje creativo de las industrias culturales tiene diferentes expresiones, obedece a tradiciones culturales y estéticas diversas, convoca la presencia individual del creador o la de grupos de creación, suele ser un proceso en que se articulan esfuerzo de diferente naturaleza y en los que aparecen nuevas posibilidades y nuevos oficios.

Las IC vinculan la cultura con la economía, y a la vez ubican a la creatividad, en el contexto de una producción industrial avanzada. De mano de la tecnología, la economía asienta las bases de industrias cada vez más modernas, masivas y rentables.

La era digital parece estar demostrando cómo la creatividad crece gracias a la tecnología y las técnicas de marketing. Los fenómenos de fusión organizan de otro modo la propiedad de las industrias culturales. La creación de grandes corporaciones, junto a las posibilidades de la tecnología, que hacen posible la convergencia intermedial, generando empresas de información, cine, música, productoras de televisión.

Sobre la producción.

Sus cambios favorecen el abaratamiento de costes variables para los productos materiales tales como libros, discos, videos, prensa. Descienden las barreras de entrada de cada sector y la competencia entre nuevos actores aumenta. La demanda se ve favorecida por el abaratamiento de los precios y los “mejores” accesos a la cultura y la comunicación. Hacen aparición nuevas formas de financiación y enormes economías de escala que impulsan las IC hacia la concentración.

Se desmaterializan los productos editoriales con un notable abaratamiento de costes ante la multiplicidad de la oferta a disposición de los consumidores materiales e inmateriales. Cambian las formas de servicio los contenidos ya sea individual o empaquetada.

La producción se lleva a cabo a través de complejas cadenas productivas, y la difusión a partir de numerosas “ventanas” por las que circulan a la vez varias realizaciones culturales.

Sobre la distribución.

Para difundir y promocionar se necesitan soportes tecnológicos, medios, equipos técnicos, personal cualificado, es decir, el creador necesita una infraestructura que le permita su difusión y reproducción de la obra. El poder tradicional de los distribuidores se cuestiona, principalmente sus estructuras de poder que atenazaban los productos y el pluralismo del mercado. Luchando por mantener, adecuar y extender sus posiciones de poder, lo que favorece las alianzas intersectoriales. Las ventas off line encuentran límites, en las online la distribución se libera de la producción con consecuencias y rentabilidad más favorables para esta última.

Las tecnologías digitales sugieren una disminución de los costes de creación de contenidos y servicios, atractiva desde la oportunidad encaminada hacia una democratización y expansión de la creatividad. Pero todo cae en saco roto debido a la continua experimentación en nuevos formatos y sobre todo, de lenguajes con alcance minoritario. Esto es debido a que las grandes corporaciones no se resignan en cuanto al logro de beneficios a corto plazo y dirigen sus objetivos hacia colectivos independientes. Lo que se produce se consume y la rentabilidad aumenta.

Se entrecruzan los caminos de la economía y la cultura, y estas intersecciones suelen ser conflictivas. Existen empresas de contenido que se fusionan con empresas de tecnologías, dando lugar a poderosas organizaciones mediáticas con capitales inalcanzables.

En la producción cobra importancia el agregador de contenidos, ocupado del ensamblaje de los mismos para todo tipo de servicios culturales. Esta figura compite con el creador reivindicando sus propios beneficios.

Se da más importancia a producciones masivas que sólo se ven solapadas por las interactivas (segmentadas por gustos, tiempos y capacidades adquisitivas). La guerra de sistemas y estándares enraizados en proteccionismos e intereses económicos atenta contra la expansión de las nuevas redes y la democratización cultural.

La desintermediación de los mercados con el consumidor es la tendencia aunque encubierta con vías de re-intermediación. El beneficio y el poder del mercado siguen intactos frente a la competencia.

La ideología del “todo mercado” rechaza cualquier vía que mantenga reductos no comerciales. Todo ello choca con los usuarios/consumidores, su voluntad y conquista de prácticas y usos.

Junto a la existencia de productos culturales globales, la fragmentación de los contenidos y los mercados en segmentos apunta hacia una recomposición de esta relación global-nacional en algunas “empresas abiertas”.

Las industrias culturales comportan modos de vida, axiologías y sistemas de conocimiento. El núcleo de su negocio consiste en transformar contenidos culturales en “valores económicos”, de ahí su expansión irrefrenable y su importancia no sólo como factor cultural sino de crecimiento económico.

Su constante evolución como sistema de actividades de producción e intercambio cultural sujeto a las reglas de mercantilización, en las que el trabajo está más organizado entre los productores y sus productos, y entre las tareas de creación y las de ejecución, da lugar a una pérdida cada vez mayor de control de los artistas sobre sus creaciones.

Demasiados interrogantes quedan abiertos… ¿No os parece?

Edited by Olivia Palacios.

 

La Administración Pública como Agente Cultural. Andalucía.

La Constitución de 1978 diseñó una estructura descentralizada de la administración pública que se refleja en tres niveles: la Administración del Estado, la Administración Autonómica y la Administración Local, a los que se añaden las Diputaciones Provinciales y otros entes locales.

Este reparto es reflejo del carácter descentralizado, donde los entes territoriales tienen atribuidas la mayor parte de las competencias en cultura. Según la distribución competencial establecida en la Constitución, los tres niveles tienen atribuciones genéricas en materia de cultura, lo que hace que predomine el principio de concurrencia.

El desarrollo de las competencias culturales autonómicas ha dependido, en gran medida, del grado de definición cultural de la Comunidad, de los contenidos concretos de los Estatutos de Autonomía (ley de cada Comunidad en la que se recogen las competencias autonómicas), y de la voluntad y de los recursos de cada Comunidad para llevar a cabo la acción cultural, que  parten generalmente de una visión cultural concreta, no teniendo demasiado en cuenta el principio de participación ciudadana, su pluralidad y riqueza.

Puesto que la Administración pública central sirve con supuesta “objetividad” a los intereses generales de tal forma que, cualquier actividad ha de desarrollarse en virtud de pautas estereotipadas sin criterios subjetivos, se da el caso que en Andalucía, como en otras comunidades autónomas especiales culturalmente hablando, los intereses generales no siempre coinciden con los intereses particulares de la propia comunidad autónoma, en nuestro caso, Andalucía.

Andalucía, a lo largo de su historia, ha compilado un rico acervo cultural, una interculturalidad de prácticas, hábitos y modos de vida que se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y que se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinámico y cambiante.

Por ello, la Junta de Andalucía creó la Consejería de Cultura, que ha ido actualizando poco a poco y a lo largo de los años, los objetivos de las políticas culturales.

Su organigrama es el siguiente:

organigrama-CCUL

Fuente: Consejería de Cultura y Deporte. Junta de Andalucía. http://www.juntadeandalucia.es/culturaydeporte/web/

 

Paralela e independientemente de la Administración central, la Consejería de Cultura intenta promover, no sin desaciertos,  los avances tecnológicos , las nuevas variables a tener en cuenta en la financiación de la cultura, el nuevo papel de creadores, usuarios, ciudadanía, administradores y gestores culturales, la estrecha interdependencia de la cultura con otras dimensiones de las políticas en los territorios, la configuración de un nuevo espacio público, así como las condiciones de redefinición de las redes europeas e internacionales de la cultura.

Con todo, la apuesta por un modelo cultural, en tiempos de incertidumbre sobre el papel de las instituciones y de las políticas públicas de la cultura, no está solo en su definición de objetivos, ni siquiera en el desarrollo de sus planes, sino también en los valores que se quieren impulsar con cada una de las acciones y en el modelo institucional que se configure a lo largo del tiempo.

La Comisión Europa 2020 propone la “unión por la innovación”, en ese sentido, la cultura es definida como ámbito de generación de ideas y formas expresión diversas que colaboren en el desarrollo y la generación de riqueza en los territorios; con sus dos caras, hacia dentro, atendiendo a la identidad y a la cohesión, y hacia fuera, atendiendo al intercambio-apertura, la diversidad riqueza y la variedad de agentes y actores culturales, promoviendo la reflexión, la investigación y el debate en torno a las nuevas prácticas y culturas digitales, así como la creación de redes de conocimiento.

La defensa de la cultura como identidad debe partir de la educación y puesta en valor de la creatividad y el conocimiento. Y a su vez, el talento como origen puesto al servicio del sector productivo, la capacidad innovadora y de creación de empleo a través de la explotación de la propiedad intelectual, hace que nuestras industrias creativas y culturales hoy sean una oportunidad para abordar social, cultural y económicamente un nuevo tiempo en una nueva ciudadanía europea.

Tras el análisis expuesto sobre la Administración autonómica, debe ser ella la más capacitada para llevar a cabo las políticas culturales mediante una repartición profesionalizadora de funciones coordinadas.

Otro debate diferente aparece cuando el consenso político y territorial no van de la mano de la Administración Central, encontrando en ella un enemigo a esquivar y derrotar, en lugar de un aliado para ganar la ansiada democratización cultural, tan necesaria en tiempos de crisis económica, social, política y moral, y donde la cultura es la base para el desarrollo de la sociedad futura.

Las Administraciones públicas autonómicas se reconocen pues, como los verdaderos agentes culturales defensores de las diferencias conjugadas con la diversidad social y cultural en convivencia mediante la difusión de bienes tangibles e intagibles provenientes de la creatividad territorial.

Edited by Olivia Palacios.

 

 

 

 

 

 

 

Cultura y Comunicación. La relación entre la Gestión Cultural y la Comunicación.

Actualmente, la comunicación forma parte del núcleo estratégico y vital de una gran parte de la cultura. Son muchas las actividades culturales y los creadores que tienen como propósito darse a conocer mediante la comunicación, ante unos públicos concretos de manera anticipada para motivar reacciones en los mismos, buscando una mayor participación en el consumo cultural actual. En este punto es evidente que la comunicación es un aliado de la cultura.

La cultura como bien económico necesita el apoyo de la comunicación a través de los medios, pero a mi parecer la clave subyace en el papel del gestor cultural en materia de comunicación, ya que la gestión cultural implica mucho más que buscar reacciones de un público potencial, lo que realmente “busca” es activar ciertos recursos y relaciones para promocionar y difundir las creaciones culturales desde su origen, y no sólo a su término como lo propone la simple comunicación mediática. Es un paso más para transmitir los verdaderos mensajes culturales.

El gestor cultural ha de valerse de la comunicación como herramienta difusora de cultura desde el desarrollo de la misma, su ejecución, su seguimiento y evaluación.

Relación entre Gestión Cultural y Comunicación. Imagen by Olivia Palacios.

Relación entre Gestión Cultural y Comunicación. Imagen by Olivia Palacios.

La cultura vista como mera rentabilidad productiva utiliza la comunicación empresarial y el marketing para lograr una respuesta cómplice entre la sociedad. Paralelamente, conocemos la existencia creciente de creadores independientes, que no creen en los medios de comunicación como difusores de sus obras. Muchos blogs culturales no se valen de los medios de comunicación ni de la publicidad para la difusión de sus contenidos, aquí la comunicación es el simple “boca a boca”.

Siguiendo los dictados de U. Eco, vemos como “los medios ponen los bienes culturales al alcance de todos, adecuando el contenido muchas veces, al nivel del receptor” *, esto es, haciendo que la asimilación sea más simple e incluso superficial. Por ello, en demasiadas ocasiones el público ciudadano y/o consumidor cultural está sometido a las leyes de la oferta y la demanda, simple y llanamente.

La gran esperanza consiste en que comunicación y gestión cultural avancen en una relación proactiva que valore la cultura con bien común (en todas sus facetas) y no como mero bien económico, que limita numerosas expresiones culturales y cómo no, su difusión.

Debido a las especiales circunstancias políticas y económicas actuales y a la abundancia de oferta cultural, se reabre el debate incesante sobre el tamaño, potencia, capacidad de producción, tipo de contenidos, forma de gestión y financiación que debe tener la comunicación cultural dentro de las políticas públicas, debiendo garantizar la igualdad de acceso al alcance de todos de esta amplia oferta cultural, siendo:

  • Un instrumento para el desarrollo y la creación de formatos innovadores y un buen canalizador de la creatividad.
  • Una ventana fundamental para el desarrollo, fomento y potenciación del tejido industrial cultural nacional.
  • Una exportación de nuestra realidad social que debe potenciarse hoy más que nunca, dando difusión a la cultura como fomento de los valores sociales plurales y participativos que nos lleven a desarrollar alternativas entre todos: creadores, difusores y público.

Previamente a la llegada de las redes digitales, la Industrias Culturales gozaban de un importante peso en la economía y de una elevada influencia cultural y política. Hoy, ante la globalización económica, existen claras preocupaciones en distintos países sobre los efectos de la “cultura de masas”, las identidades nacionales, la economía, el empleo, y la democratización mediante el desarrollo integral de los pueblos teniendo en cuenta su diversidad.

La comunicación juega un papel indispensable en esta “democratización cultural ideal” aunque paradójicamente, los medios de comunicación también se globalizan y los resultados podemos verlos cada día en radio y televisión. La alternativa llega con la información a través de internet, pero todas las personas, a pesar de lo que podamos pensar, no disponen del uso de las TICS.

El público consumidor aparece “solapadamente” guiado por las prácticas de consumo que aleccionan sus gustos. Aparecen nuevos paradigmas “culturales” basados en modas encubiertas que hacen que los ciudadanos respondan ante la oferta de nuevos productos disfrazados de cultura. Estos productos se encarecen alarmadamente y pasan al olvido de la misma manera. Se crean nuevos sujetos- meramente consumidores- en masa, o disgregados en grupos de masas según la demanda existente.

La competencia económica nunca desaparece de la escena.

*U. Eco, Apocalípticos e Integrados: “Cultura de Masas y Estética Kistch”, Ed. Fabula Tusquets, 1995.

Edited by Olivia Palacios.

Centro Federico García Lorca o la cultura de los suspiros.

Centro Federico García Lorca. Imagen: Diario Público.

“Para los barcos de vela,/Sevilla tiene un camino;/por el agua de Granada/sólo reman los suspiros”.

Federico García Lorca (*).

En un idealizado intento hacia la construcción más plural e individual de la identidad, mediante el fomento de la cultura como cuarto pilar de desarrollo de las ciudades y sus habitantes, se configuró en Granada a partir de influencias internacionales y locales, la creación del Centro Fundación Federico García Lorca, proyecto que nació fruto de un largo proceso por difundir su obra y con la intención de cumplir el deseo familiar de reunir en la ciudad de Granada el legado lorquiano.

Haciendo un poco de historia – indispensable en el asunto que nos ocupa-, la andadura de este ambicioso proyecto comenzó el 21 de febrero de 2004 con la firma del Protocolo de Colaboración entre el Ministerio de Cultura, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Granada, la Diputación de Granada, la Residencia de Estudiantes y la Fundación Federico García Lorca.

Posteriormente, la Fundación Federico García Lorca presentó ante la Dirección General de Fondos Comunitarios del Ministerio de Economía y Hacienda la propuesta de creación del Centro.

En mayo de ese mismo año (**), el Comité de Seguimiento del POI de Andalucía aprobó el proyecto y se decidió que el Fondo Europeo de Desarrollo Regional financiara el importe de 6.946.843 euros (75 por ciento del coste total de la primera fase del Centro). Esta decisión fue confirmada oficialmente por la Comisión Europea. Todas las instituciones que habían firmado dicho Protocolo se volvieron a reunir el 7 de julio de 2004 y pusieron de manifiesto su compromiso de acometer la construcción del Centro Federico García Lorca por un importe total de 18.524.913 euros.

El 4 de marzo de 2005 las citadas instituciones firmaron el Convenio de Colaboración para la creación del Centro Federico García Lorca, en el que se concretaba definitivamente la participación de cada una de las instituciones involucradas en el proyecto, estableciendo así las bases para su correcta ejecución. Asimismo, este convenio suponía la antesala del “Consorcio Centro Federico García Lorca”.

El Consorcio nació tras años de disputas en 2007. Se perdió dinero de parte de los fondos europeos por un retraso en los plazos. Reunidos acordaron solicitar un crédito hipotecario a cargo de las administraciones implicadas para hacer frente a los 4,5 millones de sobrecoste (los 18,5 iniciales se han elevado hasta 23). Para ello era necesario que el Ayuntamiento registrara a nombre del Consorcio la parcela en la que se ha construido el Centro. Según ese acuerdo, Gobierno, Junta y Ayuntamiento asumirían el 30% del préstamo y la Diputación el 10%.

Pasados los años, los responsables políticos continúan hablando de “voluntad”, pero el entendimiento no llega. Hoy nuevamente, la incertidumbre política derivada de los resultados de las elecciones municipales y autónomas ha llevado a Ferrovial a decidir no entregar el edificio para su apertura el pasado 5 de junio, por desconfianza en cuanto a los pagos adeudados con la empresa.

El equipamiento cultural Centro Federico García Lorca es un proyecto, que transcurridos nueve años sigue sin inaugurar. Año tras año espera convertirse en una referencia internacional en torno a la figura de Lorca, pero sigue acumulando retrasos. Su historia ya puede describirse como despropósito institucional.

El objetivo estratégico del Plan en materia cultural recogido en el Documento Marco PEG 2007 del Consejo Social de Granada era el siguiente: “Consolidar a Granada como referente cultural”.

La Fundación Federico García Lorca, aspiraba a convertirse en referencia de la cultura contemporánea, responsabilizándose, por un lado, de la conservación y la difusión de los fondos de la Fundación Federico García Lorca, que actualmente se encuentran depositados en la Residencia de Estudiantes de Madrid, y atendiendo, por otro, las manifestaciones artísticas del panorama internacional y desarrollando una amplia labor en la acción pedagógica con niños y jóvenes en su relación con las diversas disciplinas artísticas en un centro ubicado en un lugar clave de la ciudad, a pocos metros de la Catedral, en pleno centro histórico urbano (***).

La mala gestión por parte de los organismos de colaboración, inmersos en continuas discusiones sin que haya una aceptación clara de la responsabilidad ante el compromiso cultural con el proyecto analizado.

Es ilusorio pensar en intereses comunes en materia de Política Cultural respecto al caso que nos ocupa (por no hacer acopio de más ejemplos que podrían claramente ilustrar la situación del Plan en lo referente al fomento de la cultura en la ciudad).

Los intereses comunes, dejan paso demasiado pronto a los intereses concretos del propio Ayuntamiento en materia cultural. Estos intereses concretos no son el fomento de la creatividad, de la participación ciudadana. El interés concreto es conseguir dinero a corto plazo devenido de un turismo masivo de fin de semana o de períodos académicos, dejando de lado la cultura como motor de desarrollo urbano.

Mucha floritura y pocas acciones comunes a favor de una apuesta fuerte por la cultura. Junta de Andalucía y Ayuntamiento no son un matrimonio bien avenido (la separación ideológica y de actuación cultural es nula). El horizonte compartido tiene unas distancias infinitas.

Tuvieron la oportunidad de desarrollar el proyecto en tiempo de bonanza económica (presupuestos, ayudas y subvenciones) y con la cofinanciación era factible. Ahora, la imagen de la ciudad queda bastante dañada, ya que son habituales los comentarios de residentes y visitantes acerca de la situación del proyecto tras visualizar el entorno del mismo.

A ello se añade la movilidad del mismo entorno, una plaza con desniveles no favorece la accesibilidad. La plaza en la que se ubica también tenía un proyecto de adecuación a la accesibilidad de los usuarios, que se ejecutaría tras la finalización del Centro. Todo es parte de un sueño del que muchos hace tiempo que despertamos. La realidad lo refleja sobremanera. Un complejo conjunto de incoherencias que van haciendo que el proyecto pierda la ilusión de la ciudadanía.

La ciudadanía y los medios escritos hacen visibles sus críticas al proyecto y su ejecución tras estos 9 años de desgaste cultural del mismo.

Portada Granada Hoy, Jueves 4 de junio, 2015.

Portada Granada Hoy, Jueves 4 de junio, 2015.

La política cultural de la ciudad de Granada tiene todavía mucho que aprender y poner en desarrollo, ya que para el Plan Estratégico se basó en la Agenda 21 Local y muchos de sus objetivos se han quedado sobre el papel.

En Granada, el Ayuntamiento presume de tener a disposición de residentes y visitantes un circuito cultural en torno a la figura de Lorca, aunque el proyecto del Centro Federico García Lorca sigue esperando la culminación del circuito deseado.

teatro talleres acorazado biblioteca

PASAJE-VESTÍBULO. Espacio en torno al cual se desarrollará la vida del Centro, un gran salón que participará de la vida del barrio y de la ciudad.

sala-exposiciones

Proyecto Centro García Lorca. Eea Grants España. Enlace: http://www.eeagrants.spain.cfglgranada.es/proyecto-centro-garcia-lorca/

Puedo concluir mi análisis diciendo que la cultura no puede esperar más suspiros.     Nuestro Centro Fundación Federico García Lorca proyectado como fin del círculo lorquiano en la ciudad está vallado, parado y sin futuro inmediato. La cultura que fluye a través de Lorca se está viendo estancada en manos del conservadurismo más obsoleto en tiempos de postmodernidad cultural.

La cultura tiene que seguir su camino al margen de discusiones políticas e intereses económicos a corto plazo. La cultura afortunadamente sigue siendo intangible en muchos de sus ámbitos, tendremos que disfrutarla desde ellos.

Fuentes:

(*) Fragmento del poema “Baladilla de los tres ríos”. Incluido en Poema del Cante Jondo – Romancero Gitano (Conferencias y Poemas). Edición de Allen Josephs y Juan Caballero. Cátedra, Letras Hispánicas, 1996.

(**) Centro Federico García Lorca – Fundación Federico García Lorca.

(***) loc. cit.

Actualidad: http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/63215-ferrovial-bloquea-la-entrega-del-centro-garcia-lorca-en-granada-por-la-incertidumbre-politica

Edited by Olivia Palacios.

“Arte”. Mirar y contemplar.

“Al otro lado de las cenizas y hogares incendiados del pasado,
ante las puertas del futuro (…)”

Naum Gabo: Manifiesto realista, Moscú, 5 de agosto de 1920.

Imagen:

Imagen: “Película” by Olivia Palacios.

El término “arte” se difumina y gira entre sus posibles definiciones en aras de la contemporaneidad. Son demasiadas las “etiquetas” aplicadas a sus valores y posibles funciones en la sociedad que nos ha tocado vivir.

En la antigüedad parecían tener más claro el término “arte” separaba lo simbólico e íntimo del ser humano elevado o sublimado en unos bienes que no perseguían el simple reconocimiento económico, sino la identificación con significados más privados. Ahora esta sublimación se ha desvanecido.

Todo no ha sido siempre “arte, ni ha de serlo hoy tampoco. Las dimensiones del término están cada día más desbordadas y difusas, por lo que intento interiorizar mis reflexiones acerca de qué podemos entender por “arte” y por “bien artístico” y qué es un simple producto de mercado (visión materialista y utilitarista) disfrazado de cultura.

Es evidente que los tiempos cambian y que el arte es visto desde la evolución de sus propios contenidos originales, pero habida cuenta de este apunte, y ante la creciente inquietud que nos invade a los enamorados de la cultura, sobre el camino que está siguiendo la misma, es necesario volver al pasado y recoger algunas de sus premisas para intentar delimitar el concepto, ya que ante la inminente globalización de las sociedades mediante los poderes dominantes estamos olvidando el verdadero valor del “arte”:  un agente colaborador clave de la cultura en el acertado o equivocado desarrollo de la sociedad.

La aparición del concepto “cultura de masas” (la que se produce y pretende llegar a toda la sociedad en su conjunto viendo ésta como una simple consumidora que no reflexiona ante los hechos culturales, simplemente sigue las modas) aparece con ella un comportamiento nuevo frente al “arte”, todos quieren participar de él y sobre todo, todos quieren sacar beneficios de la mismo. El artista y su obra muchas veces pasan desapercibidos y el valor lo adquieren otros intereses cuestionables: grandes nombres o empresas.

El arte contemporáneo tiene hoy más que nunca la posibilidad de desenvolverse en un sinfín de contextos, contando con la emergencia de profesionales en la creación, en la gestión y la  difusión.

Son los valores y beneficios del “arte” y  la cultura los que debemos fomentar y difundir; el “arte” no debe basarse simplemente en el mercado y en trabajos que fomentan el amiguismo de algunos mal llamados “productos y gestiones culturales”.

Esta cultura ideal e idealizada promovida por algunas políticas culturales simplemente tratan de como apunta     S. Freud, “adoctrinar al supuesto sujeto ideal bajo sistemas de poder (religioso, político, mercantil…)”*.

Para una posible definición del término “arte” debemos tener muy en cuenta la libertad individual contra determinadas formas o exigencias de la cultura actual. No debemos dejarnos llevar por todo si previo conocimiento ni reflexión, como una simple prenda de ropa que nos ponemos por moda. Impostura cotidiana.


No por abrir más nuestros ojos al “arte”, veremos más cultura, hay que “mirar y sobre todo distinguir con agudeza, sutileza y rapidez” entre una obra o hecho cultural, y lo que posiblemente no lo sea, ampliando e impulsando nuestra propia esfera cultural, haciendo que el “arte” nos mire mientras nosotros lo contemplamos.

*Freud, S., El malestar de la cultura y otros ensayos. Alianza editorial, Madrid, 1987.

Edited by Olivia Palacios.

Tiempo electoral. Alegato por la Cultura.

Los discursos electorales ocupan nuestros días. Hoy abro mi entrada con un poema de Jorge Guillén*. Con él y sus palabras sustentaré mi reflexión sobre el estado de la cultura, su presente y su futuro inmediato.

BEATO SILLÓN

¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.

Lucian Freud, 1997.

Lucian Freud, 1997.

Jorge Guillén, a mi parecer, nos quiso mostrar en este poema la pureza poética, pero sobre todo la sátira contra la comodidad. Usa el silencio y la puntuación para darnos una sensación de fragmentación, de estructura entrecortada. El microclima creado entre el “no pasa nada” o “los ojos no ven” y el mundo propiamente dicho, en un nivel mas amplio, donde si pasan cosas.

Esta ilusión de estabilidad, de pausa, de orden…, de pensar que el mundo de la cultura funciona bien desde la ceguera de nuestro “dichoso” sillón: objeto tranquilizador y venerado. Este tópico pasa ahora la prueba de la realidad.

La economía dirige la política y ésta dirige la cultura. No creo que nadie dude de esta afirmación.

Ya en 2011 Ramón Zallo (Documento de Trabajo) nos decía:  “(…) la cultura se entiende como un elemento aparte y de prestigio, al que se le empuja a la comercialidad en los brazos de las “industrias creativas”, pero no un factor sinérgico del cambio social que queda reservado al “conocimiento”, del que no parecen formar parte comunicación o cultura y del que sí participaría, en cambio, el ámbito educativo. Es recurrente este enfoque tradicional de la cultura y la comunicación como un aparte (…)”.

La cuestión que se plantea es si la política cultural de los próximos cuatro años resistirá a nuevos recortes y censuras promovidas por la centralización sistemática de un discurso ideológico. Las claves para un nuevo futuro cultural pasan por reconocer su diversidad y su potencial como instrumento de desarrollo económico sostenible; siempre que la promesa de transparencia no sea velada.

Nuestros políticos hablan de su constante preocupación por promover la cultura y por el acceso a la misma, pero no dicen nada acerca de la falta de democratización cultural instalada en buena parte de la ciudadanía.

El empeño en sus programas electorales en materia de cultura, debería trasladarse hacia la creación de caminos que activen la actividad cultural en aras de un futuro social que no se traduce en simples términos económicos (que también habrían de tenerse en cuenta) sino en educación comprometida, distanciamiento ideológico y participación.

Cierro esta entrada con el deseo de una cultura no meramente vinculada a la política, donde trabajen profesionales que promuevan la credibilidad en la cultura como servicio ciudadano de interés general, que aproveche los recursos del progreso tecnológico, económico y social desde los tres sectores llamados a participar en este “submundo cultural” que para muchos de nosotros es el mundo real.

Para ello, hoy me distancio del sillón, de su quietud y comodidad. Muestro mi disconformidad con el estado actual de la cultura. No funciona bien. Es ahora más que nunca el momento de reflexionar al respecto. Jorge Guillén lo hizo en forma poética, nosotros hemos de seleccionar “los elementos” para este propósito.

Nota: El sillón siempre espera, podemos volver a él cuando se nos antoje…

* Poema “Beato sillón”. Jorge Guillén. Recogido en  AA.VV. Antología comentada de la Generación del 27: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre. Introducción de Víctor García de la Concha. Madrid: Espasa, 2006.

Edited by Olivia Palacios.

El objeto libro. Encuentro y relación sin obligación.

El próximo jueves celebraremos un nuevo día del Libro.


La motivación de mi entrada está dirigida hacia él como protagonista de su propio futuro incierto. Por ello, me gustaría plantear una incógnita: ¿Qué entendemos por ese conjunto de hojas de papel impreso, unidas por un lado, al que llamamos libro?


Borges (1952) en su “Nota sobre (hacia) Bernard Shaw”, nos habla sobre lo qué es un libro:

“Un libro es más que una estructura verbal, o que una serie de estructuras verbales; es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que dejan en su memoria. Ese diálogo es infinito (…)”.

El libro ha sido reconocido desde la antigüedad como un objeto cultural, como ese instrumento fundamental en la educación y la cultura. A partir de la revolución que significó la imprenta y las nuevas condiciones sociales y económicas, fueron alentando el crecimiento del negocio del libro, presente en ferias comerciales fechadas hacia finales del siglo XV en Europa.

Son los inicios de su consideración como producto industrial, que empieza a movilizar una cadena con  numerosos eslabones: autores, diseñadores, formadores de páginas, trabajadores gráficos, editores de textos, correctores, empresarios editoriales, agentes literarios, distribuidores, libreros, bibliotecarios, y cómo no, el destinatario final: el lector.

Imagen: Jane & Louis Wilson. Oddmentes Room l, 2008.

Imagen: Jane & Louis Wilson. Oddmentes Room l, 2008.

Llegados a este punto vuelven las preguntas incómodas: ¿Dónde están los lectores? ¿Son muchos? ¿Son suficientes?


Cada vez se venden más libros de muy pocos títulos, es el fenómeno denominado como “star system”: un conjunto más o menos numeroso de autores, conocidos por el gran público, con presencia programada en los medios de comunicación, que garantiza una venta rápida de sus títulos en la sección de novedades. Poquísimos libros “afortunados”, obtienen el favor de la mayoría del público (fenómeno editorial), que se acerca a las ferias nacionales y que gozan de la  promoción de ciertas librerías. Lo que ocurre a continuación es que estas librerías se van convirtiendo en meros grandes almacenes de novedades de cuatro o cinco sellos editoriales y, cuales ofertas en un supermercado, su exhibición dura unos pocos meses y después caen en el olvido.

Por otro lado se encuentran los lectores habituales, aquéllos que  se acercan a las editoriales pequeñas, más exigentes y de otro tipo de calidad, y que continuamente buscan nuevos canales de distribución, en aras de una cierta visibilidad.


En esta cadena apuntada, con sus desconciertos ocasionales, sus aciertos y sus fisuras entre su polo más comercial y el más exigente, han de confluir ambos en la prevalencia de su original carácter abierto, fomentando el lugar que ocupa el objeto libro en la memoria y en la imaginación de los lectores. La continua revolución cultural nos obliga a tener presentes tres culturas escritas: la escritura a mano, la publicación impresa y el mundo digital (del que hablaré en otra entrada al blog).


Y finalmente, qué decir acerca de la cuestión recurrente de estos días, que aparece ya desde su enunciado, casi sin respuesta, ¿se hace todo lo que se puede para promocionar la lectura, ya no, los libros? Yo tampoco la tengo, pero si he de deciros que prevalece en mi una inquietud personal y profesional, la de crear una conciencia lectora para hacer del libro, de ese objeto, una plataforma de diálogo, encuentro y relación sin obligación.


Edited by Olivia Palacios.

Hacia la deriva cultural. Una visión crítica.

"Aqui tienes tu globo de arroz" by Umbrales Cultura.

“Aqui tienes tu globo de arroz” by Umbrales Cultura.

Cultura.
(Del lat. cultūra).
1. f. cultivo.
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Fuente: Diccionario de la Lengua Española (DRAE). Última edición, 2014.

La cultura no es un adorno con el que decorar nuestras vidas o un simple suplemento que adjuntan algunos medios de comunicación, relegado a unos pocos interesados. La cultura no es mero entretenimiento, ni tampoco es patrimonio exclusivo de ciertas élites o algo refinado y de buen gusto que se contrapone a lo vulgar o a lo popular.

La cultura, esta palabra, profunda y suave, es el espejo en el que se reflejan nuestras miradas. Es un placer individual y una producción colectiva. Es la expresión artística en cualquiera de sus formas y contenidos. Es el intercambio constante de ideas.

¿Qué ocurre cuando la cultura se aprecia de manera pasiva, a distancia y con reservas? es entonces, cuando comprobamos que el papel de los poderes públicos se hace indispensable para reactivar su funcionalidad en el desarrollo de la sociedad.

Desde mi visión crítica, más o menos diversificada, me doy cuenta de la inaccesibilidad de la ciudadanía a la cultura. Las estrategias de poder en su vertiente más ideológica, se apropian del lenguaje cultural, acercándose a pasos agigantados hacia su verdadero interés, el poder político.

Las últimas leyes aprobadas nos ofrecen la cultura como un “bien de lujo”, sin tener en cuenta los daños colaterales para la sociedad; optan por una riqueza cultural exportable obviando lo que creadores y gestores opinan al respecto.

La cultura como patrimonio de nuestra civilización favorece la formación intelectual de los ciudadanos. En el Artículo 44 de la Constitución podemos leer: “La sociedad tiene derecho a la cultura y necesita de ella”.

Sin embargo, vemos cómo priman las cuestiones ideológicas de matices diversos y todo lo leído, se convierte en una extravagante incoherencia que nos acerca poco a poco hacia la deriva cultural.

Apunto razones hacia una insensibilidad cultural por parte de nuestros representantes políticos, siendo ésta una opción ideológica detectada desde la función crítica de gestores y creadores culturales.

El talento es intangible, no toda la cultura se vende o se compra, a veces, sólo se disfruta un instante o dos. La banalización de la cultura hace que pierda su dignidad por el camino disfrazándose de ideas efímeras, ventas, dinero, contactos…, en definitiva, la denominada “cultura de consumo”, claramente enfocada hacia “lo comercial”, sin fundamentación para el pensamiento ni para la reflexión.

El papel de los poderes públicos respaldado por los medios de comunicación generalistas se nos presentan cargados de ingredientes ideológicos, en lugar de optar por otras directrices más orientadas hacia la educación cultural: el mantenimiento de una red cultural pública y privada que favorezca el entusiasmo por el acercamiento a la cultura desde cualquier perspectiva conceptual, en lugar de ir a saltitos a través de medidas aisladas.

La tan manida “marca España” entiende la industria cultural, las políticas culturales y la creación cultural como mero soberanismo, ajena a los verdaderos intereses de la cultura entendida como bien común.

Únicamente se dan ciertos pasos desde las esferas privadas y colaborativas, museos, fundaciones, galerías, asociaciones, librerías y editoriales independientes parecen afrontar la misión de acercar la cultura a la sociedad.

En esta etapa actual de eufemismos, la precariedad laboral, económica (y a veces intelectual) de las instituciones públicas es más que preocupante, olvidando día a día promover en sus programas el impulso hacia la producción, exhibición, profesionalización, investigación y docencia en materia cultural.

La cultura como trabajo, como forma de vida. Un objetivo permanente lleno de obstáculos, que me motivan a seguir por el camino del “buen hacer”.

Conclusión: seguir y seguir…!!!

Edited by Olivia Palacios.

Metáfora alrededor de la recepción cultural.

Pudiendo parecer una obviedad, heme aquí reflexionando sobre el acercamiento de la diversidad de públicos a los diferentes eventos e instituciones culturales; para ello, he buscado entre mis lecturas encontrando un texto que leí hace tiempo, y que a día de hoy, como visitante y gestora cultural, se me antoja una descripción metafórica de cómo va cambiando nuestra recepción hacia lo que denominamos Cultura.

Bote by Umbrales Cultura.

Bote by Umbrales Cultura.

Tiempo habrá para detener mis pasos en los expertos que nos hablan acerca del estado de las instituciones culturales, su organización y número de visitantes anuales, ya que en esta ocasión mi camino se dirige hacia el público que disfruta y recoge las experiencias alrededor de los objetos y sensaciones que nos proporciona el hecho cultural.

¿Cúantas veces me he preguntado cómo se acoge una obra de arte, un libro, una imagen, en definitiva, un hecho cultural por parte de  cada una de las personas que asisten a una exposición o muestra determinada? Se impone ante la cuestión una heterogeneidad de opiniones e historias recuperadas.

Cada evento cuenta sus historias, cada visitante cuenta las suyas tras estas visitas… Considero que es este el verdadero reto de la difusión cultural. Coleccionar encuentros, fotos y reflexiones como quien colecciona distintas arenas en botecitos y coloca en una estantería para recordar momentos vividos, historias narradas por el compromiso estético de artistas y espacios.

Italo Calvino en sus Cuadernos de arena, me ilustra metafóricamente sobre la recepción de la cultura de una forma sincrónica  que evoluciona ineludiblemente hacia una comunicación virtual entre públicos.

(…)“Hay una persona que colecciona arena. Viaja por el mundo y cuando llega a una playa marina, a las orillas de un río o de un lago, a un desierto, a una landa, recoge un puñado de arena y se la lleva.

… A su regreso le esperan, alineados en largos anaqueles, centenares de frasquitos de vidrio en los cuales la arena despliega su no vasta gama de colores esfumados; las diferencias de granulosidad y consistencia…

La colección de arena  parecía tener mucho que decir, aún a través del opaco silencio aprisionado en el vidrio de los frasquitos.

Uno tiene la impresión de que este muestrario está por revelarnos algo importante: ¿una descripción del mundo?, ¿un diario secreto del coleccionista? Todo al mismo tiempo, tal vez. Una vida de eterno turismo como la vida en diapositivas.

Los propios días, minuto por minuto, pensamiento por pensamiento, reducidos a colección: la vida en un polvillo de corpúsculos: la arena. Quizá escrutando la arena como arena, las palabras como palabras, podamos acercarnos a entender cómo y en qué medida el mundo erosionado puede encontrar en ellas fundamento y modelo (…)”.

La arena contenida en estos botecitos ya no queda instalada en las estanterías y paredes de nuestras casas bajo la premisa de su pertinencia íntima, sino que sale potencialmente de ellas a través de los nuevos roles del usuario, del visitante, del público, y se convierte en polémicos”selfies”,en fotografías que muestran todo el interés suscitado, en comentarios relacionados apresuradamente  mostrados en RRSS como si en realidad nuestra experiencia receptora fuera una colección competitiva, tomada en términos cuantitativos en cuanto al número de eventos al que asistimos, sin dar una real importancia a lo que verdaderamente nos ofrece el acercamiento a la cultura en cualquiera de sus disciplinas y expresiones.

Prevalece el “yo también estuve allí”, tengo mi botecito de arena que lo demuestra y del que doy fe a través de “un tweet o un post”. Difundir, coleccionar, disfrutar, y otros verbos relacionados, me hacen pensar estos días sobre el valor de la cultura como modelo de evolución social, de la necesidad de la ambas y de su relación con la comunicación.

Frasquitos, esos nuevos contenedores de arena, y que conocemos como tweets o post  nos hacen guardar también de manera pública la sustancia de la cultura, el viento de las sensaciones que ésta nos aporta. Un nuevo debate emerge en la superficie, ¿Hasta dónde nos llevarán?

Texto: Ítalo Calvino, Colección de arena.

Traducción: Aurora Bernárdez.Ed. Siruela.Madrid,1991. (Incluido en el capítulo que lleva por título Exposiciones-exporaciones).

Edited by Olivia Palacios.