Cultura y Comunicación. La relación entre la Gestión Cultural y la Comunicación.

Actualmente, la comunicación forma parte del núcleo estratégico y vital de una gran parte de la cultura. Son muchas las actividades culturales y los creadores que tienen como propósito darse a conocer mediante la comunicación, ante unos públicos concretos de manera anticipada para motivar reacciones en los mismos, buscando una mayor participación en el consumo cultural actual. En este punto es evidente que la comunicación es un aliado de la cultura.

La cultura como bien económico necesita el apoyo de la comunicación a través de los medios, pero a mi parecer la clave subyace en el papel del gestor cultural en materia de comunicación, ya que la gestión cultural implica mucho más que buscar reacciones de un público potencial, lo que realmente “busca” es activar ciertos recursos y relaciones para promocionar y difundir las creaciones culturales desde su origen, y no sólo a su término como lo propone la simple comunicación mediática. Es un paso más para transmitir los verdaderos mensajes culturales.

El gestor cultural ha de valerse de la comunicación como herramienta difusora de cultura desde el desarrollo de la misma, su ejecución, su seguimiento y evaluación.

Relación entre Gestión Cultural y Comunicación. Imagen by Olivia Palacios.

Relación entre Gestión Cultural y Comunicación. Imagen by Olivia Palacios.

La cultura vista como mera rentabilidad productiva utiliza la comunicación empresarial y el marketing para lograr una respuesta cómplice entre la sociedad. Paralelamente, conocemos la existencia creciente de creadores independientes, que no creen en los medios de comunicación como difusores de sus obras. Muchos blogs culturales no se valen de los medios de comunicación ni de la publicidad para la difusión de sus contenidos, aquí la comunicación es el simple “boca a boca”.

Siguiendo los dictados de U. Eco, vemos como “los medios ponen los bienes culturales al alcance de todos, adecuando el contenido muchas veces, al nivel del receptor” *, esto es, haciendo que la asimilación sea más simple e incluso superficial. Por ello, en demasiadas ocasiones el público ciudadano y/o consumidor cultural está sometido a las leyes de la oferta y la demanda, simple y llanamente.

La gran esperanza consiste en que comunicación y gestión cultural avancen en una relación proactiva que valore la cultura con bien común (en todas sus facetas) y no como mero bien económico, que limita numerosas expresiones culturales y cómo no, su difusión.

Debido a las especiales circunstancias políticas y económicas actuales y a la abundancia de oferta cultural, se reabre el debate incesante sobre el tamaño, potencia, capacidad de producción, tipo de contenidos, forma de gestión y financiación que debe tener la comunicación cultural dentro de las políticas públicas, debiendo garantizar la igualdad de acceso al alcance de todos de esta amplia oferta cultural, siendo:

  • Un instrumento para el desarrollo y la creación de formatos innovadores y un buen canalizador de la creatividad.
  • Una ventana fundamental para el desarrollo, fomento y potenciación del tejido industrial cultural nacional.
  • Una exportación de nuestra realidad social que debe potenciarse hoy más que nunca, dando difusión a la cultura como fomento de los valores sociales plurales y participativos que nos lleven a desarrollar alternativas entre todos: creadores, difusores y público.

Previamente a la llegada de las redes digitales, la Industrias Culturales gozaban de un importante peso en la economía y de una elevada influencia cultural y política. Hoy, ante la globalización económica, existen claras preocupaciones en distintos países sobre los efectos de la “cultura de masas”, las identidades nacionales, la economía, el empleo, y la democratización mediante el desarrollo integral de los pueblos teniendo en cuenta su diversidad.

La comunicación juega un papel indispensable en esta “democratización cultural ideal” aunque paradójicamente, los medios de comunicación también se globalizan y los resultados podemos verlos cada día en radio y televisión. La alternativa llega con la información a través de internet, pero todas las personas, a pesar de lo que podamos pensar, no disponen del uso de las TICS.

El público consumidor aparece “solapadamente” guiado por las prácticas de consumo que aleccionan sus gustos. Aparecen nuevos paradigmas “culturales” basados en modas encubiertas que hacen que los ciudadanos respondan ante la oferta de nuevos productos disfrazados de cultura. Estos productos se encarecen alarmadamente y pasan al olvido de la misma manera. Se crean nuevos sujetos- meramente consumidores- en masa, o disgregados en grupos de masas según la demanda existente.

La competencia económica nunca desaparece de la escena.

*U. Eco, Apocalípticos e Integrados: “Cultura de Masas y Estética Kistch”, Ed. Fabula Tusquets, 1995.

Edited by Olivia Palacios.

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